
Hay nombres que me han acompañado a lo largo de la vida. Uno de ellos es el de Marta. Tal vez porque con sus letras se puedan formar palabras de significados contrapuestos –la deseada “Amar”, o la carcelaria “Atar”, o la dubitativa “Rama”, o el inmenso “Mar” o la inquietante “Trama” o la terrorífica “Matar”- o porque las “martas” con las que me he topado han dejado una huella en esta memoria que ya empieza a flaquear para los asuntos del corazón. Hasta donde mis recuerdos alcanzan contabilizo a día de hoy hasta cinco “Martas” que destacan en mi existencia por algún detalle que me regalaron.
La primera apareció en mis brazos despechada por los de mi mejor amigo en aquél entonces. Era consciente de ello pero como el gusto de mi amigo era exquisito y yo tenía un corazón grande, accesible a través de la cremallera de mi bragueta, dejé que me lo acariciara. La segunda Marta ya vino a mí por méritos propios. Curiosamente era amiga de la anterior y se enamoró perdidamente de mi corazón, no porque lo hubiese visto cuando retozaba con su íntima, sino porque sospecho que algo le debió contar de él en aquellas escapadas que hacían juntas al lavabo de señoras. La tercera Marta ya fue algo más serio. Esa ya tocó directamente los engranajes de mi corazón, el que palpita en el pecho. Fue una bonita historia que, para ella, acabó mal. Se casó con otro, con su novio de toda la vida, cuando tenía 24 años. Yo tenía 21 y ejercí de amante “asa”: apasionado-solícito-agilipollado. Pude robarle besos, caricias y casi doy al traste con su matrimonio. Pero ella prefirió la estabilidad y el confort que le proporcionaba la cuenta corriente de su marido que la vida de un aprendiz de aventurero que solo podía viajar, por aquél entonces, con la mochila de sus sueños.
Después de aquél episodio vinieron unos años, lustros sin Marta que llevarme al recuerdo. Hasta que apareció la cuarta de la que no voy a contar nada porque quiero correr raudo y veloz a la que, hoy, es objeto de mis pasiones. La quinta Marta. La definitiva. Bebo los vientos por ella, mi cuerpo arde cuando noto su presencia. Por ella cometería, en esta plácida madurez en la que me encuentro inmerso, la más grande de las locuras. Por ella sería capaz hasta de cambiarme el nombre para borrar mi pasado. Para que ella entienda que sólo tengo futuro a su lado. Y porque quiero gritarlo a los cuatro vientos para que ella me oiga, ahí la tenéis, en el enlace. El objeto oscuro de mi deseo.
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Autor: Abril.
Fecha: 02/04/2008 19:41.
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Autor: agradablemujer
Fecha: 03/04/2008 08:33.
Autor: Para Abril con punto tirándose al fácil
Fecha: 04/04/2008 09:21.
Autor: Para 'mi' agradablemujer, aaaassssssuuuuucccaaaaarrrrr
Fecha: 04/04/2008 09:26.
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Autor: agradablemujer
Fecha: 04/04/2008 12:06.
Autor: Para agradablemujer, buscando denominación
Fecha: 06/04/2008 19:10.
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